Mucha gente no cree en la Magia.

Y es normal, porque en la Tele y el cine no dejan de bombardearnos con una ficción de cosas imposibles a lo que llaman Magia.

Y, que conste, que yo creo que ese tipo de Magia es posible, aunque no tal y como la presentan en las películas. Pero, eso no es objeto de este artículo. Sigamos pues, con lo que te interesa. Porque, esto es para ti.

Es para ti que quieres solo razones científicas para convencerte de algo. Para ti que dejaste de creer en la Magia porque pensabas que eso era una varita Mágica creando cosas a su voluntad. Y, no digo que no sea posible. Me repito como el ajo, lo sé, pero quiero que te quede bien claro.

Pero, lo que te quiero explicar es una forma de Magia mucho más cotidiana. Esa que hacemos todo el mundo continuamente y que ni siquiera nos damos cuenta de que lo que estamos haciendo.

Cuando yo empecé con esto de la Magia y las cosas paranormales, hacía una separación entre esos dos mundos.

Por un lado, estaba mi trabajo de Terapeuta. Vamos, ayudar a la gente a sentirse bien. Como ahora ya no se puede decir Terapeuta por otra de esas normas estúpidas en las que hay que etiquetarlo todo, ha habido que inventarse nuevos nombres para darle etiquetas a lo mismo. Hoy en día hay “Coach” de todo tipo y cientos de formas más para tratar de diferenciarse de los demás. Cuando en el fondo todos y todas hacemos lo mismo. Intentar ayudar a las personas como podemos porque esa es nuestra vocación.

Por suerte, en esta Era de Acuario, a la gente van a dejar de importarle las etiquetas y los títulos llenando una pared. La gente va a valorar lo que les aportas y no lo que dices saber. Un diploma no garantiza que les vayas a resolver un problema. Lo que verdaderamente importa es el resultado.

Pero, ya me estoy desviando otra vez de la cuestión.

El caso es que, mi vida estaba dividida en compartimentos.

Por un lado, estaba mi relación social: familia, amigos, etc. Por otro lado, mi profesión: ayudar, dale el nombre que quieras. Y, por otro, estaba mi auténtica pasión: lo inexplicable. Esto último incluía el estudio de cualquier cosa que no se pudiera ver, tocar, ni explicar con los medios convencionales.

Por supuesto, esa parte de mí, la guardaba celosamente escondida y completamente separada del mundo cotidiano.

Es cierto que, en nuestro mundo ya no te queman por bruja, pero, la sociedad de trata de loca, lo cual es casi peor. Hasta han inventado un nombre en psicología que se llama “pensamiento mágico” y es peyorativo, o, por lo menos, síntoma de que algo no va bien.

Así transcurrió una gran parte de mi vida.

Pero, un día, me vino un “flash”. Si tú lo ha sentido alguna vez, seguro que me entiendes.

De repente, vi con claridad meridiana que esos tres compartimentos, incluso que todos los compartimentos, formaban un todo indisoluble. Que, vida social, profesional y espiritual oculta no podían separarse. Porque lo que yo creía separar porque «era lo correcto» solo estaba dificultando que la realidad que yo quería crear estuviera fragmentada y, por esa razón, nunca llegaba cumplirse totalmente.

Me di cuenta, y eso es lo que te quiero explicar, de que el Universo no está fragmentado ni compartimentado. Todo en él está relacionado y, por ello, fluye en completa armonía.

Uno de los libros científico-místico que explica esto con claridad es el Kybalión, que, si lo quieres leer, te voy a dejar debajo del artículo un link de descarga.

En él dice que TODO está construido en base a 7 principios:

  1. Mental: el Universo es mental.
  2. Correspondencia: Lo que es arriba es abajo. Por decirlo de otra manera, nuestro cuerpo y nuestro mundo es un universo en miniatura.
  3. Vibración: Nada esta inmóvil, todo está en movimiento y ese movimiento es vibración.
  4. Polaridad: Todo lo que conocemos es dual.
  5. Ritmo: Todo tiene un ritmo y actuamos conforme a ese ritmo.
  6. Causa y efecto: Todo efecto tiene una causa y viceversa.
  7. Género: Todo tiene un género: masculino o femenino. Y este género nada tiene que ver con la sexualidad, sino con la complementariedad.

 

Este librito, vio la luz en 1908. Está firmado por los Tres Iniciados, que no se sabe realmente quienes son, ya que es un pseudónimo, aunque si se tiene sospechas por el estilo en el cual está escrito.

Con esto, lo que te quiero decir es que no estamos hablando de un documento antiquísimo de alguna cultura de las que nos empeñamos en creer que estaban poco menos que en la edad de piedra.

Cuando este libro fue escrito, la ciencia estaba ya en pleno auge. Y, combinaron, la ciencia con la filosofía.

Los principios tampoco eran nuevos. Gente como Pitágoras o Platón ya los habían descrito, pero no con esas palabras

Lo curioso es que, si bien la forma en la que está redactado corresponde plenamente a lo que se dio en llamar en la época “Nuevo Pensamiento”, relacionado plenamente con el ocultismo y el pensamiento oriental, todas sus afirmaciones se han ido corroborando con los descubrimientos actuales de la Relatividad y la Física cuántica.

Te lo resumiré en unas pocas frases:

Lo que vemos y vivimos, es una creación mental y la creamos nosotros, de forma individual y colectiva.

Cada pensamiento, expresión verbal y acción da lugar a la creación de un acontecimiento

Esa creación tiene su correspondencia en el Universo, es decir, se crea a imagen de él.

Esa creación se manifiesta en forma vibracional ya que somos partículas en movimiento, vibrando sin cesar.

Como todo es dual, podemos provocar tanto lo que deseamos, como lo opuesto.

Lo que creamos sigue un ritmo determinado desde su creación hasta su manifestación y continúa en ella.

Todo lo que creamos tiene una causa y esa causa ha producido el efecto que. Si variamos la causa o nos equivocamos, el efecto es diferente

Y, por último, todo lo creado puede ser de naturaleza femenina o masculina.

Vale, estupendo, y ese rollo que te acabo de pegar ¿para qué sirve?

Pues mira, porque gracias a él, me di cuenta de que compartimentar las cosas, solo me estaba trayendo problemas. Siempre dejaba incompleta una parte de la ecuación. Lo que estaba haciendo, en realidad, era disgregar mi creación y por lo tanto disgregar mi vida.

Yo, que presumía de poder meter los acontecimientos de mi vida en compartimentos separados, no daba una.

Vamos, por decirlo de otra manera: Si acertaba en mi vida social, mi vida profesional era un desastre. Si acertaba en mi vida profesional, mi vida social era un desastre. Mi vida, vamos a llamarle espiritual avanzaba lentamente, porque no la implicaba en las otras dos.

El día que tuve el “flash”, me di cuenta de que todo era Magia. En el sentido de que la Magia crea la realidad de maneras muy diversas, que iré contando.

Cuando actuaba en el plano social hacía Magia personal.

Cuando actuaba con mis clientes (ahora también está prohibido decir pacientes si no eres médico. Y, en realidad, da igual porque es un término que detesto, porque indica que la otra persona es pasiva), también hacia Magia personal que interactuaba con la de éstos.

Cuando hacía Magia en el amplio sentido de la palabra, influía sobre todo lo demás, pero defectuosamente, puesto que aislaba unos acontecimientos de los otros.

Así descubrí porque “las cosas” nunca salían como deseaba en todos los casos. Unas veces funcionaba y otras no.

Aquello me volvía loca y no entendía porque ocurría.

Hasta el «flash».

Cuando descubrí lo que estaba haciendo mal, me tuve que obligar a reflexionar y cambiar mis hábitos de conducta. Más aún mis propios pensamientos.

¿Por qué?

Pues porque para que la Magia funcione, estos principios deben estar alineados:

  1. Deseo
  2. Pensamiento o acto mental de creación
  3. Dar forma al pensamiento
  4. No tener dudas.
  5. La palabra crea y si dices una cosa y piensa o haces otra, no crea nada o, peor, crea cualquier cosa.
  6. Acciones en consonancia con todo lo anterior.

Cuando estos principios van todos en la misma dirección. Lo que deseas se crea.

¿Te suena?

El famosísimo libor de “La Ley de la Atracción” dio algunas claves, pero se dejó otras. Por eso, mucha gente se desencantó y dicen que no funciona. Si que funciona, pero le faltan elementos. Además, incluye un error garrafal: habla de fe, cuando debería hablar de convicción.

Aquí la fe no tiene cabida. La fe implica un acto ciego, creer porque sí. La convicción es estar completamente seguro de lo que se desea y llevarlo a término. Como ves, la diferencia es notable.

Tras años de estudio reflexión y práctica. Después, claro está de dejar de compartimentar. Puedo asegurar que, cuando esos principios, están sincronizados, lo que deseas ocurre. A eso le llamamos Magia personal.

Si quieres saber más, puedes: seguir leyendo artículos, consultarme en una sesión privada (ve a reservas) o hacer un Curso conmigo (ve a cursos).

Tú decides.

Aquí te dejo el link para descargarte el Kybalión.

 

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